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Sábado, 02 Noviembre 2013 20:03

Manuel Castells: La era de la información es nuestra era.

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Publico este texto aquí ya que considero que es un clásico que debe estar en más de un sitio web. Este articulo lo publiqué originalmente en el mes de enero de 2005 en un sitio de UARCIS. Rápidamente alcanzó 15 mil lecturas. Lo recupero y lo dejo "a mano". 

El texto que sigue fue presentado por Manuel Castells en el panel "Revolución Digital: software libre, libertad de conocimiento y libertad de expresión en la sociedad de la información", en el cual participaron además Lawrence Lessig, fundador de Creative Commons, Gilberto Gil, músico y Ministro de Cultura de Brasil, y John Perry Barlow, Fundador de EFF, en uno de los eventos más destacados del reciente Foro Social Mundial realizado la semana pasada en Porto Alegre, Brasil...


La era de la información es nuestra era

Es un periodo histórico caracterizado por una revolución tecnológica centrada en las tecnologías digitales de información y comunicación, concomitante, pero no causante, con la emergencia de una estructura social en red, en todos los ámbitos de la actividad humana, y con la interdependencia global de dicha actividad. Es un proceso de transformación multidimensional que es a la vez incluyente y excluyente en función de los valores e intereses dominantes en cada proceso, en cada país y en cada organización social.

Como todo proceso de transformación histórica, la era de la información no determina un curso único de la historia humana. Sus consecuencias, sus características, dependen del poder de quienes se benefician en cada una de las múltiples opciones que se presentan a la voluntad humana. Pero la ideología tecnocratita futurológica trata de presentar la revolución tecnológica como dictando una única forma de organización social posible, generalmente asociada a la ley del mercado y al proceso de globalización. De esta forma, la aceptación del extraordinario carácter de la revolución tecnológica en curso conllevaría la aceptación, en lo esencial, de que la propuesta según la cual la ciencia y la tecnología, utilizadas racionalmente, irán solucionando los principales problemas de la humanidad. Aun reconociendo obstáculos en el proceso de difusión y desarrollo, la critica a los usos de la tecnología se identifica a la resistencia oscurantista al cambio social. La ideología de la bondad tecnológica y la ideología de una globalización fundamentalmente orientada por la ley del mercado se refuerzan la una a la otra. En ambos casos, desaparece la sociedad como proceso autónomo de decisión en función de los intereses y valores de sus miembros, sometidos a las fuerzas externas del mercado y la tecnología.

Y sin embargo, la observación empírica, los resultados de la investigación, de mis propios trabajos y de otros muchos, muestran el carácter contradictorio del proceso de globalización y la diversidad de las trayectorias tecnológicas y de sus efectos. Así:

En medio de una de las revoluciones tecnológicas más extraordinarias de la historia, la disparidad de conocimiento y capacidad científica se concentra cada vez más en términos relativos, por países, por clases, por instituciones y por organizaciones. Y los efectos de dicha revolución sobre la calidad de vida son apropiados fundamentalmente por las grandes corporaciones y sus circuitos de distribución. El control irrestricto de los derechos de propiedad intelectual se convierte en el mecanismo fundamental del control de la riqueza.

El momento de eclosión de las tecnologías de libertad, en particular de Internet, pero también del conjunto de tecnologías informáticas de red, de telecomunicación de banda ancha, comunicación móvil y de computación distribuida, es también, so pretexto de terrorismo y pornografía, el momento de la obsesión por la seguridad, del control de los estados sobre las comunicaciones, de la amenaza a la libertad de expresión, dentro y fuera de Internet, de la vigilancia electrónica ubicua y la invasión sistemática de la privacidad por parte de empresas comerciales y agencias de gobierno.

El momento de la innovación y la creatividad como fuentes de cambio tecnológico, enriquecimiento cultural y calidad de vida, es también el momento en el que muchas corporaciones coartan la innovación para disfrutar de rentas de monopolio y en el que la justicia persigue a los jóvenes que intentan poner música a sus vidas aunque no sean mercado para los explotadores de artistas.

En una palabra, una vez más en la historia, la innovación tecnológica, la investigación científica, la creatividad cultural son apropiadas, manipuladas, coartadas, por los intereses y poderes que se interponen entre los productos de dicha creatividad y las personas de la sociedad de donde surge. La expropiación del trabajo se extiende a la expropiación de las mentes. Siendo así que una buena parte, en realidad lo esencial, de las fuentes de innovación y de creación, no han surgido de la inversión de las corporaciones o de las instrucciones de las burocracias, sino del impulso creador y generosidad personal de los innovadores. Un breve recordatorio de algunos procesos de innovación tecnológica y cultural permite reflexionar en concreto sobre el debate que estamos planteando.
Internet, tecnología de libertad, producida libremente, a partir de sus propios usuarios.

Como es sabido, Internet se desarrolló a partir de un programa científico de investigación que, aun financiado por el departamento de defensa americano, no tenía objetivos militares y, en realidad, no tenía más objetivos que los que le fueron dando sus propios investigadores y primeros usuarios. Los protocolos TCP/IP, desarrollados por Cerf y Kahn en 1973-75, fueron puestos en el dominio público y subsiguientemente completados y adaptados de forma libre. Las principales aplicaciones de Internet que hoy utilizamos, desde correo electrónico a las listas de distribución y los billboards, fueron creados y comunicados por usuarios que los compartieron libremente con el conjunto de la comunidad internauta.

El World Wide Web fue desarrollado y distribuido gratuitamente por Tim Berners-Lee fuera de su tiempo de trabajo. Fueron los hackers, generalmente universitarios, quienes desarrollaron Internet como red de comunicación informática global. Y fue la comunidad internauta la que se autogestionó, de forma diversa, a lo largo del tiempo, desde 1969, primer despliegue de Internet, hasta la constitución de ICANN en 2000. No hizo falta ni derecho de propiedad ni control burocrático para desarrollar la red de comunicación más potente de la historia. En realidad, fue la no existencia de esos controles lo que lo hizo posible.

La arquitectura de Internet fue diseñada deliberadamente para hacer difícil su control, aunque no la vigilancia del mensaje. Y por ello, Internet, aun sufriendo cada vez más interferencias a la libre comunicación, es el medio de comunicación local-global más libre que existe, permitiendo desintermediar los medios de comunicación masivos.

Y a pesar de los continuos intentos de comercializar Internet, si bien se ha convertido en un instrumento esencial para la actividad económica, la gran masa de flujos de información en Internet son de uso social y personal no comercial. Internet es fundamentalmente un espacio social, cada vez más extendido y diversificado a partir de las tecnologías de acceso móvil a Internet. Por eso la preservación de la libertad de expresión y comunicación en Internet es la principal cuestión en la libertad de expresión en nuestro mundo.


Software libre y código abierto.

El software informático es el lenguaje de la era de la información. La capacidad de producir, modificar, adaptar y distribuir software condiciona la capacidad de cualquier comunidad o grupo, grande o pequeño, para interactuar con el mundo de computadoras y redes que constituyen la estructura (y no solo la infraestructura) de nuestra sociedad.. El control tecnológico privado del software es equivalente a la apropiación privada del alfabeto en los orígenes de la historia (y de hecho, lo apropiaron los escribas y sacerdotes que, según descubrimientos arqueológicos recientes realizados por los Marines en Irak, ya disponían de una licencia de Microsoft).

Obviamente, el acceso al código fuente condiciona la capacidad tanto de adaptación a usos, como, sobre todo, a la mejora continuada del software, o sea, en último termino, a la innovación y al proceso recurrente de innovación.

Sabemos que, así como Internet, se desarrolló en libertad, el mundo del software evolucionó, por un lado, mediante líneas propias e incompatibles de cada sector de usuarios; por otro lado, mediante el monopolio creciente de Microsoft, con consecuencias decisivas, tanto en la apropiación de rentas monopolistas y encarecimiento de sus productos, como en la pobreza tecnológica, derivados de la eliminación sistemática de competidores.

Sabemos también del cambio de tendencia a partir de las derivaciones de UNIX, tanto en MIT, a través del AI Lab y los heroicos esfuerzos de Stallman y su lanzamiento de GNU y la licencia GPL, como de la historia de BSD a través de la tempestuosa relación entre Berkeley y Bell Labs. Y conocemos la extraordinaria saga de Linux, desde que Linus Torvalds decidiera, en 1991, para desarrollar el kernel del código fuente del sistema operativo que necesitaba para utilizar UNIX en su PC 386, acudir a la red cooperativa de voluntarios trabajando sobre el código fuente en sistema de código abierto. Sabemos hoy que Linux es un sistema operativo más robusto que Windows y con mucha mayor capacidad evolutiva. Como sabemos que Apache, programa de software de servidor, también producido en código abierto por una comunidad libre de voluntarios autogestionada mediante una constitución propia, opera más de dos tercios de los servidores de la worldwideweb.

Y es conocimiento público la existencia creciente de programas de software, en todos los ámbitos, que han sido producidos libremente, sin derecho de propiedad intelectual, sin trabajo pagado y sin estructura de poder impuesta. Hoy día, el reconocido éxito de Linux ha llevado a grandes corporaciones como IBM y Oracle, así como a numerosos gobiernos en todo el mundo a utilizar Linux y otros programas de código abierto. Y a producir formas simplificadas del mismo para usos sociales, como el caso de Linex en Extremadura. Y, sobre todo, a adoptar el sistema cooperativo de libre asociación de productores y usuarios en el proceso de innovación tecnológica. Todo ello, sin que necesariamente se pierda el carácter capitalista de estas empresas o los objetivos propios de cada gobierno (el gobierno chino puede favorecer a Linux y al mismo tiempo censurar Internet). No se trata de oponer el mundo anarquista del código abierto al mundo capitalista de Microsoft. Aunque dudo que haya muchos anarquistas en Microsoft (salvo disecados en la oficina de Bill Gates) hay muchos capitalistas en el mundo del código abierto. Pero no todos los capitalistas son iguales o incluso no todos los capitalismos son iguales: los hay que, además de supeditar la sociedad al mercado, más que capitalistas son rentistas, es decir bloquean la innovación. Y los hay que entienden que todo el mundo, incluso ellos, ganan más, si hay más innovación tecnológica y, en último término, más reparto de la riqueza.

En suma, la historia del software libre, y más ampliamente, la del movimiento de código abierto, demuestra que puede haber más innovación tecnológica y más productividad económica en un contexto de trabajo cooperativo y motivado, característico del mundo de la creación. Y esto es aun más así si a la productividad económica añadimos la utilidad social, que requiere una interacción estrecha entre los innovadores tecnológicos y los usuarios de la tecnología. Se plantea pues en muchos medios la ampliación del método cooperativo de creación característico del código abierto, a otros ámbitos de la producción y la gestión de la sociedad, desde las empresas autogestionadas a los servicios públicos hechos mas eficaces mediante el feedback continuo entre proveedores de servicios y usuarios, por ejemplo en la educación o en la salud.

Ahora bien, entre la promesa de la innovación cooperativa y la capacidad de la sociedad para disfrutar del fruto de dicha cooperación, se alza una concepción rentista y autista del derecho de propiedad intelectual.
La propiedad es un robo (en ciertas circunstancias)

Ya lo dijo Proudhon. Pero como él ya precisó, aunque no lo quisieran entender, no era toda la propiedad, sino la propiedad que excluye innecesariamente a los no propietarios del proceso de desarrollo y enriquecimiento de la sociedad y de cada uno de sus miembros. A la propiedad que destruye una propiedad superior, la propiedad conjunta de la libre asociación de productores. No muy distinto de la licencia GPL.

Un tratamiento indebido del derecho de propiedad intelectual es un obstáculo decisivo al progreso material y a la calidad de vida en la era de la información. Recordemos que en 1970 ATT pudo haber poseído Arpanet. Y que Microsoft no se dio cuenta de la importancia de Internet hasta que Netscape lanzo Navigator en diciembre de 1994, y entonces tuvo que comprar Spyglass y transformarlo en el browser Internet Explorer. Imaginemos un mundo de Internet con tecnología propietaria de ATT y Microsoft. Internet como lo conocemos no existiría. Con todo lo que ello significa. Por eso la tecnología no determina la historia, sino la historia la tecnología. Pero como, gracias a la estupidez de ATT y Microsoft, Internet existe y es aun libre en gran medida, la capacidad de comunicación que permite pone en cuestión las formas restrictivas de propiedad intelectual, promoviendo la circulación de la creación, de la innovación, de las ideas, en todo el mundo. Desintermediando intermediarios comerciales, pero también abriendo el abanico de posibilidades de creación y de utilización recurrente de la creación. No eliminando el capitalismo, pero si ampliando la gama de valores de uso posibles sin connotación comercial. Y manteniendo formas de ganancia y de negocio, pero mediante nuevos modelos de negocio basados en el incremento de productividad y la ampliación de mercado, más que en el control monopolístico de un mercado excluyente limitador de la actividad no mercantilizada.

Larry Lessig ha propuesto una utilísima tipología de las propiedades que protegen derechos y de aquellas que son parasitarias (un robo social, en mi terminología). Y también ha puesto en práctica sus formas alternativas de derecho de propiedad adaptadas a la nueva función social de la propiedad en nuestro contexto tecnológico, mediante la impulsión del proyecto Creativa Comos, en el que Brasil ocupa un lugar destacado. Por tanto, la vía esta señalada, no hay nada más que inventar, salvo aplicar aquí también el método de experimentación y código abierto e ir codificando la práctica mediante nuevas formas de auto-regulación del respeto al trabajo de los demás, pero no a las rentas de situación que no se legitiman con nueva creación.

Mas aún, la propiedad intelectual restrictiva en un mundo en que la ciencia y la tecnología son las fuerzas productivas esenciales, es el principal obstáculo para el desarrollo de los dos tercios de la humanidad que aun viven en la pobreza. Y de ahí la importancia del debate en los foros del comercio internacional. De modo que los pobres del mundo, los creadores y los innovadores, tienen un gran objetivo común: la reforma de los derechos de propiedad para que la creatividad pueda ser fuente de riqueza y de valor de uso sin que se agoste en los estrechos canales de su apropiación selectiva por los rentistas oligopolios.

Lo cual, en el fondo, es un problema político. Y aquí también juega la tecnología.


Libertad, Sociedad y Tecnología

La información es poder. La comunicación es contrapoder. Y la capacidad de cambiar el flujo de información a partir de la capacidad autónoma de comunicación, reforzada mediante las tecnologías digitales de comunicación, realza sustancialmente la autonomía de la sociedad con respecto a los poderes establecidos. Si esto parece abstracto, José Maria Aznar sabe de lo que hablo, a partir del 13 y 14 de marzo de 2004. Lo cual quiere decir que la reapropiación por parte de la sociedad del fruto de su creatividad cuenta ahora con medios poderosos: Internet, redes globales de comunicación, acceso a información en código abierto, procesos de cooperación múltiple, comunicación móvil, multimodal y ubicua. Y todo ello al servicio de intereses y valores que de debaten, modifican y deciden con autonomía creciente por parte de los actores sociales. Los creadores, los oprimidos, los emprendedores, los que sienten la vida, pueden compartir sus sueños y sus practicas. En otras palabras, convergen en el mismo movimiento la tecnología “cool”, la política “cool” y la sociedad “cool”. Y esa convergencia debe llegar al análisis social y cultural, y a la capacidad de integrar la comprensión de la tecnología en los debates políticos mas avanzado. Va siendo hora, por ejemplo, de que Brasil evolucione del positivismo de Auguste Comte a la teoría de la complejidad y escriba una nueva máxima en su bandera: caos y progreso.

 

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