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Sábado, 09 Agosto 2014 13:10

Buen vivir, Buen conocer y Buen Resistir. Una triada conceptual posible y necesaria.

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Desde hace un tiempo, nos hemos venido enterando de nuevos conceptos que se han introducido en la política latinoamericana, particularmente en Ecuador y Bolivia. Se trata, inicialmente del concepto de "Buen Vivir" que se relevó nada menos que en las constituciones políticas de ambos países (Ecuador, 2008; Bolivia, 2009), a propósito de los procesos constituyentes y de redacción de nuevas constituciones que los gobiernos de Correa y Morales, realizaron en aquel momento.

 

Desde hace un tiempo, nos hemos venido enterando de nuevos conceptos que se han introducido en la política latinoamericana, particularmente en Ecuador y Bolivia. Uno de ellos es el concepto de "Buen Vivir" que se relevó nada menos que en las constituciones políticas de ambos países (Ecuador, 2008; Bolivia, 2009), a propósito de los procesos constituyentes y de redacción de nuevas constituciones que los gobiernos de Correa y Morales, realizaron en aquel momento.

Buen Vivir

El concepto de Buen Vivir es una traducción o interpretación del concepto de "sumak kawsay" presente en la cultura quichua, que además tiene sus correspondencias con conceptos similares de otros pueblos originarios de la región (aymará, "suma qamaña"; guaraníes, "teko porâ o teko kavi"). Para decirlo suscíntamente, según lo que hemos leído y entendido hasta ahora, el Sumak Kawsay dice relación con la vida plena y en armonía con la naturaleza, en donde el ser humano es uno más entre los otros seres vivos y la naturaleza. En otras palabras, la potencia del Sumak Kawsay es el distanciamiento epistemológico (o superación, si se quiere) de la idea antropocéntrica del “hombre como medida de todas las cosas”, que tuvo su aparición como contrapunto del teocentrismo medieval, y que se mantiene como paradigma dominante hasta nuestros días.

El sumak kawsay es, desde esa perspectiva, un concepto que se conecta políticamente de manera muy eficiente con las ideas actuales de mejorar (cambiar) nuestra relación con el entorno natural y con las otras especies que habitan el planeta. Ideas basadas no solo desde consideraciones éticas, sino también, desde la constatación del impacto negativo que nuestro modelo de desarrollo, a nivel mundial, está significando para la sobrevida de nuestra actual biosfera.

La suscripción e incorporación de este concepto en la gestión de los gobiernos de Correa y Morales es, en este sentido, una señal potente de voluntad política para el cambio hacia un modelo de desarrollo que asuma el Sumak Kawsay como paradigma.

Buen Conocer

En ese mismo contexto, otro ejemplo de un nuevo concepto - también quichua - es el de "sumak yachai" que significa "buen conocer", que ha sido relevado por el proyecto Flok Society en Ecuador, el que audazmente establece la imbricación entre el paradigma del Sumak Kawsay y las actuales tendencias de lo que llamamos la "cultura hacker", para avanzar en el cambio de la matriz productiva de ese país: de una economía basada en bienes limitados a una economía basada en bienes ilimitados, como lo es el conocimiento. La convicción es que la cultura hacker contiene elementos que permitirían realizar una apropiación social de nuevas tecnologías de información y comunicación, por parte de comunidades del Ecuador, que entre otras cosas permiten el manejo y gestión avanzada del conocimiento a través de medios digitales, sin producirse con ello una aculturación típica en procesos de transferencia tecnológica.

Así, el Buen Vivir, desplegado en plenitud, es posible en un contexto de cambio de matriz productiva: de una economía basada en la explotación irracional, desmedida e ilimitada de la naturaleza, del hombre y de los demás seres vivos, a una economía que asegure el equilibro y complementariedad entre estos factores. Para lograr esto se necesita voluntad política y, además, conocimiento.

Sumak Kawsay y Sumak Yachai (Buen Vivir y Buen Conocer) son, en este sentido, dos conceptos que implican avanzar hacia un cambio de paradigma "civilizatorio" recuperando y relevando la cosmovisión de un pueblo originario, que lo practicó antes de nosotros. Paradigma que, por lo demás, lejos de ser contradictorio o conflictivo con nuestras ideas actuales, nos permite dar un fundamento político, histórico y cultural al objetivo político de levantar una economía post-capitalista.

Dos preguntas

Sobre esto nos podemos hacer dos preguntas: ¿Como se compatibiliza la opción política por el Buen Vivir, en un contexto de una economía aún basada en el paradigma anterior? En el entendido de que la economía actual tanto de Ecuador como de Bolivia es de tipo extractivista - al igual que la gran mayoría de los países de sudamérica -  cuya inserción internacional es precisamente de exportación de materias primas, lo que las hace dependientes de la explotación de recursos naturales y humanos, para poder competir en el mercado internacional, cuestión que no se puede cambiar de la noche a la mañana. De hecho, esta situación se pone por sobre la discusión eterna entre "reforma o revolución" ya que muy probablemente un régimen revolucionario de tipo "clásico" se vería enfrentado hoy a esta misma problemática.

Por este motivo, la compatibilidad del "discurso" con la "práctica", por mas que los (micro)procesos estén iniciados, genera un ámbito muy vulnerable a la crítica política, no solo desde los actores interesados en la continuidad del capitalismo actual, sino que también, desde los actores que están en contra del paradigma extractivista. Lo que visto en el contexto del sistema político actual y la guerra informacional le da una cuota de incertidumbre a la continuidad del proceso.  

Una segunda pregunta relacionada con la anterior, es: ¿Cómo podemos avanzar hacia el Buen Vivir, en aquellos países o lugares donde este proceso no se ha iniciado a nivel institucional, y no hay luces de que se considere próximamente?. En otras palabras, sin el poder gubernamental y control del aparato estatal, ¿es posible avanzar hacia el Buen Vivir?.

Buen Resistir

Indudablemente, la respuesta a ambas preguntas puede implicar mucho desarrollo reflexivo, ya que hay varios elementos a considerar. Por lo pronto, nos interesa reflexionar sobre un concepto del que hemos venido hablando hace un tiempo, y que nos ha permitido compatibilizar elementos. Es probable que esta reflexión pueda dar luces para responder las preguntas planteadas, sin pretender entregar ahora una visión sistematizada del particular. Hablamos del "Buen Resistir". No conocemos su traducción a quichua, y tal vez no la tenga, ya que la idea de resistencia no debió existir en un contexto de vida plena pre conquista.


El concepto del Buen Resistir busca dar argumentación política a la diferencia entre lo que hacemos y lo que pensamos que debemos hacer, en donde lo que hacemos debemos hacerlo en un contexto de resistencia, a pesar de que algunas o muchas de nuestras acciones puedan ser contradictorias con nuestros objetivos estratégicos. Eso es lo que diferenciaría al “Buen Resistir” de un “mal resistir”. La acción consciente, sea en el contexto que sea.

La idea del Buen Resistir no debe ser comparada con la idea de “la política de lo posible” ya que en esta última son los propios objetivos políticos los que se mediatizan por una realidad. En el Buen Resistir, en cambio, los objetivos políticos siempre serán los definitivos, solo que es la táctica la que debe ajustarse a situaciones contradictorias y cambiantes, pero siempre apuntando conscientemente a ellos.

La diferencia entre lo que pensamos y lo que hacemos adquiere un nuevo estatuto en la actualidad. Hoy somos muchos quienes hemos desarrollado una conciencia política de nuevo tipo, que comienza a convertirse en un nuevo sentido común. Una conciencia política que aborda muchos aspectos de nuestra realidad, ya no solo relativa a un cambio de modelo económico o político, sino, como dijimos, a un cambio de paradigma "civilizatorio". La nueva sociedad que pretendemos rebasa con creces la idea de revolución de antaño, ya que se trata de refundar las bases mismas de nuestro "ser y estar en el mundo". Es precisamente la gran cobertura de esta nueva conciencia política lo que genera una fuerte contradicción con la actual realidad. Como no sea una experiencia en espacios autónomos controlados, estamos viviendo una asimetría entre lo que pensamos y lo que finalmente hacemos en el vivir.

Cabe señalar que aquí no hablamos de la tradicional "inconsecuencia política" que tanto combatimos desde siempre en la izquierda. Antes, la consecuencia se resolvía según el partido donde se militaba activamente y a quién se apoyaba en las elecciones, es decir, la consecuencia política se limitaba solo a algunas esferas de la vida (la esfera política), todo lo demás quedaba en el plano de la ética y la moral que en muchos casos era compartida por todos. Además, lo que queríamos cambiar era quien se quedaba con el producto del trabajo, más no cuestionábamos el trabajo mismo. La opción histórica de la izquierda fue apostar por el desarrollismo y el industrialismo. El problema era quien controlaba los medios de producción no los medios mismos. Cualquier otra idea era marginal.

Hoy la situación ha cambiado, ya que el proyecto político atiende el tema del colapso del capitalismo como modelo de desarrollo mundial, por lo que no es posible hablar de inconsecuencia, cuando lo "consecuente" sería vivir fuera del capitalismo. Entonces, si millones de seres humanos hemos alcanzado por sentido común la necesidad de superar el capitalismo antropocéntrico reemplazándolo por un nuevo paradigma de vida, para el bien del planeta y sus habitantes, la pregunta lógica es: ¿podemos todos nosotros irnos a algún lugar a fundar la sociedad nueva para ser completamente consecuentes? La respuesta es no. Algunos podrán hacerlo en territorios liberados, focos guerrilleros, casas okupa, etc., pero no es una opción para las grandes mayorías. Entonces, técnicamente tendríamos que decir que el mundo está plagado de gente inconsecuente, pero sería un error. Asimismo, ¿podemos abandonar toda práctica de vida que no sea la que surge de nuestra nueva concepción de vida y sociedad? No es posible. Estamos inmersos en una realidad.

Lo concreto es que debemos atender y aceptar el hecho de que tenemos una dicotomía involuntaria entre actitud y conducta, entre hacer y pensar. Tenemos una asimetría estructural de una práctica escindida respecto de nuestra ideas, lo que nos acompañará por un tiempo, esperamos no tan largo. Vivimos una transición, donde la conciencia irá siempre más adelante que la propia práctica, y las contradicciones permanecerán hasta no lograr la masa crítica que posibilite los cambios. Por ello hablamos que el Buen Resistir es una transición al Buen Vivir, que debemos practicar en todo espacio-tiempo en el que el Buen Vivir no se pueda desplegar en su condición de realidad. Por ello, el Buen Resistir debe desplegarse siempre en su condición de posibilidad.

Lo anterior tiene matices, ya que hay lugares, y hay lugares con gobiernos en que esta dicotomía es menos radical, por cuanto ya se están tomando medidas al menos a nivel institucional. Por ejemplo, en Ecuador. Esta dicotomía es mucho más radical en lugares como Chile o Colombia, donde a nivel institucional o gubernamental estamos lejos de plantearnos la idea de la necesidad de superación del modelo de desarrollo actual. En este último contexto, el Buen Resistir se hace bastante más complejo y difícil, pero no por ello irrealizable, ya que en última instancia el Buen Resistir es una actitud, una voluntad de poder que puedo-debo ejercer constantemente.

En este sentido, el Buen Resistir es parte de un contexto. Debe asumirse como una acción y pensamiento situados, en donde superamos la moralina de la falsa dicotomía entre el “bien y el mal”. Esa falsa dicotomía se supera desde el momento en que asumimos que “somos poder”, somos “voluntad de poder”, y todo depende de nosotros aquí y ahora.  Lo que si bien asume la idea de “la política”, asume también la idea de “los principios” como elementos determinantes en nuestro actuar.

El nuevo estatuto de la relación entre pensar y hacer es afectado fuertemente por un factor que emerge en las últimas décadas: el ciberespacio.

A pesar de que muchos lo han pretendido reducir a un lugar de intercambio de datos, lo cierto es que Internet se ha desplegado como un ámbito de expresión de subjetividad colectiva y objetivada. Al participar en el sueño colectivo del ciberespacio estoy inmerso en un ámbito como afectado y afectante, de manera permanente. Un lugar ideal para la “toma de conciencia” y la “toma de razón”. Un lugar en el que de manera casi involuntaria vamos asignando nuevo significado subjetivo a las realidades con las que nos encontramos y asumiendo posturas (políticas) sobre ellas, en base a nuestro propio acervo ético y cultural, pero también, en base a la revisión y evaluación de la opinión de mis pares, que nos acompañan en el entramado intersubjetivo que hemos establecido.

De esta manera, podemos apuntar como hipótesis de trabajo que en la tríada conceptual Buen Resistir, Buen Conocer y Buen Vivir, decimos:

Buen Vivir: Espacio-tiempo ideal para el despliegue de una acción de vida coherente, con presencia de una simetría entre lo que pensamos y lo que hacemos.

Buen Conocer: Espacio-tiempo ideal para la toma de conciencia y razón, de todo aquello que nos permite ampliar, fortalecer y consolidar lo que pensamos, preparándonos para el ejercicio de una práctica coherente y una vida simétrica.

Buen Resistir: Espacio tiempo ideal para el despliegue de una práctica de vida que no obstante ser contradictoria, me debe encaminar al logro de una coherencia que me permita alcanzar la simetría en el espacio-tiempo del Buen Vivir.

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